Inteligencia artificial y equipos humanos: el riesgo de acelerar sin foco

Escribe Ignacio Martínez Escalas, Head de Integralis Consulting Group

En pocos años, la inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta cotidiana dentro de las organizaciones. Automatiza tareas, acelera procesos y amplía la capacidad operativa de los equipos. Sin embargo, en la práctica, su incorporación está dejando al descubierto una paradoja cada vez más frecuente: muchas empresas avanzan más rápido, pero con menos foco operativo.

Desde el trabajo cotidiano en procesos de transformación organizacional, se repite un patrón claro. La adopción de inteligencia artificial suele venir acompañada de mayores niveles de presión, fragmentación del trabajo y desgaste humano. No se trata de un problema tecnológico, sino de cómo están diseñados los sistemas de trabajo en los que la tecnología se integra.

Hoy, más del 70 % de las empresas a nivel global ya utiliza algún tipo de inteligencia artificial, según relevamientos internacionales. Sin embargo, solo una minoría logra capturar valor sostenido. La razón es simple: la inversión se concentra en la herramienta, pero no en la forma de trabajar. La IA no ordena por sí sola; amplifica el sistema en el que se inserta. Si ese sistema está desordenado, el desorden se acelera.

Más tecnología, menos foco


Este fenómeno tiene un impacto directo en el foco diario de los equipos. Un informe reciente del Microsoft Work Trend Index muestra que casi siete de cada diez empleados sienten que no logran espacios reales de concentración durante su jornada laboral. En entornos hiperautomatizados, el foco se volvió un recurso escaso.

La inteligencia artificial permite hacer más cosas en menos tiempo, pero también multiplica estímulos, interrupciones y demandas simultáneas. En ese contexto aparece uno de los grandes malentendidos de la era digital: confundir velocidad con progreso. Correr más rápido no sirve si no está claro hacia dónde se corre. Y en ese punto, la IA no reemplaza el criterio humano: lo expone.

La IA como espejo organizacional


En los equipos este efecto se observa con claridad. Cuando la inteligencia artificial se incorpora sobre agendas saturadas, roles difusos y prioridades cambiantes, el resultado es más multitarea, más presión y más cansancio. Diversos estudios indican que el cambio constante de tareas puede reducir significativamente la productividad. En esos casos, la tecnología no libera tiempo: acelera el desgaste.

El efecto inverso también existe. Cuando hay claridad estratégica, acuerdos de trabajo explícitos y un ritmo compartido, la IA se convierte en un verdadero habilitador. Reduce fricciones, libera tiempo de coordinación y permite que las personas se concentren en decisiones de mayor valor.

Esto confirma una idea clave: la inteligencia artificial no transforma organizaciones por sí sola. Hace visible el nivel de orden —o desorden— que ya existe.

Diseñar antes de automatizar


En este contexto, comienzan a ganar relevancia enfoques que priorizan el diseño del trabajo antes de la automatización. La premisa es simple: antes de acelerar, hay que ordenar.

Metodologías como TRAX parten de ese enfoque. Proponen estructurar el trabajo en unidades claras de avance, con compromisos explícitos y responsabilidad compartida. No buscan que los equipos hagan más, sino que hagan menos, mejor y con mayor claridad. Cuando el trabajo está diseñado de esa forma, la inteligencia artificial deja de ser una capa de ruido y pasa a funcionar como soporte para la ejecución.

El rol del liderazgo en la era de la IA


Nada de esto ocurre sin un cambio profundo en el liderazgo. El desafío ya no es impulsar la adopción tecnológica, sino diseñar contextos donde la IA potencie a las personas en lugar de agotarlas.

Eso implica hacerse preguntas incómodas, pero necesarias:
  • ¿Qué tareas deberían dejar de hacer las personas?
  • ¿Qué decisiones requieren más criterio humano y menos automatización?
  • ¿Cómo se protege el foco y la energía de los equipos en entornos hiperconectados?

Las organizaciones que realmente avanzan no son las que suman más herramientas, sino las que aprenden a integrarlas con sentido. En un escenario de cambio permanente, la ventaja competitiva ya no está en la tecnología en sí, sino en la capacidad de diseñar sistemas de trabajo claros, humanos y sostenibles.

La inteligencia artificial puede ser una gran aliada. Pero solo cuando se la integra con foco y dirección. Porque, al final del día, no se trata de correr más rápido, sino de decidir mejor cómo avanzar.

(*) Ignacio Martínez Escalas: Head de Integralis Consulting Group