La tecnología en desuso: el activo invisible que impacta en los resultados financieros

Escribe Alberto Esswein, Fundador y Director de Pc Discount

En los últimos años, las empresas aprendieron a optimizar cada peso invertido en tecnología. Se discute el CAPEX, se analiza el OPEX, se negocian contratos y se evalúan proveedores con precisión quirúrgica.

Sin embargo, existe una pregunta que todavía no ocupa el lugar que debería en las reuniones de directorio:

¿Qué hacemos con la tecnología cuando deja de usarse?


Equipos almacenados en depósitos, notebooks guardadas “por las dudas”, servidores fuera de operación, dispositivos móviles que nunca se inventarían correctamente. En muchas organizaciones, la tecnología en desuso es un punto ciego financiero. Y ese punto ciego tiene costo.

Según el Global E-waste Monitor 2024 de Naciones Unidas, el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2022, un 82% más que en 2010. Apenas el 22% fue reciclado formalmente. El resto se pierde fuera de los circuitos controlados, junto con materiales cuyo valor económico supera los USD 62.000 millones anuales.

Pero el problema no es solo ambiental. Es financiero.

Cuando una empresa no gestiona formalmente sus equipos electrónicos en desuso y no implementa un programa de IT Asset Disposition (ITAD), está aceptando pérdidas silenciosas: capital inmovilizado que no se recupera, riesgos de fuga de datos, costos logísticos innecesarios y pasivos ESG que pueden afectar su perfil ante inversores.

En América Latina el desafío es aún mayor. La región recicla formalmente menos del 5% de sus residuos electrónicos. En el ámbito corporativo, más del 50% de los equipos en desuso suele almacenarse indefinidamente y menos del 30% pasa por procesos certificados de borrado seguro de información.

Desde mi experiencia trabajando con empresas de distintos tamaños, veo un patrón claro: la gestion de ITAD suele considerarse una tarea operativa del área de Sistemas. Y ahí está el error.

La gestión del ciclo de vida del hardware no es solo una decisión tecnológica. Es una decisión estratégica de negocio.

Las organizaciones que profesionalizan este proceso logran recuperar entre 5% y 20% del valor residual del equipamiento, reducir su costo total de propiedad tecnológica entre 8% y 15%, mejorar sus auditorías internas y fortalecer sus indicadores ESG.

En un contexto donde los criterios ambientales, sociales y de gobernanza inciden cada vez más en la evaluación de riesgo corporativo, la trazabilidad de los activos tecnológicos deja de ser un detalle técnico y se convierte en una variable de reputación y competitividad.

Para los CFOs, el mensaje es claro: la tecnología que deja de usarse no es un residuo. Es un activo financiero mal gestionado.

La pregunta ya no es cuánto cuesta implementar una estrategia formal de ITAD. La verdadera pregunta es cuánto le cuesta a la empresa no hacerlo.

La economía circular aplicada al hardware no es una tendencia de moda. Es una disciplina de gestión que combina eficiencia financiera, seguridad de la información y responsabilidad ambiental.

Y en el escenario actual, las empresas que integren esa disciplina a su planificación serán, simplemente, más sólidas.

(*) Alberto Esswein: Presidente de PC Discount