Educación
Conectar Igualdad, Ceibal y OLPC Perú: por qué solo uno de los planes 1 a 1 sobrevivió
29 de Octubre de 2026Un estudio de investigadores de la Universidad de San Andrés y la Universidad de Melbourne compara tres grandes programas de inclusión digital en América Latina. Los autores concluyen que la sustentabilidad económica, la conectividad y la capacidad de adaptarse definen la continuidad de estas iniciativas
En el Norte Global, la tecnología llegó a las escuelas de forma bastante orgánica. En América Latina, en cambio, fueron necesarios grandes proyectos pedagógicos impulsados por los gobiernos. Pero repartir computadoras entre estudiantes y docentes es solo una parte del desafío: sostener estas iniciativas en el tiempo resultó mucho más difícil.
Así lo analiza un estudio de Alejandro Artopoulos, profesor e investigador de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, Jimena Huarte, profesora de la misma institución, y Jason Beech, investigador de la Universidad de Melbourne. El trabajo fue publicado en The Palgrave Handbook of Science and Technology Studies in Education.

Imagn del Programa One LaptopPer Child: olpc.org
Tres programas, un mismo origen
La investigación compara tres proyectos de inclusión digital con impacto nacional e internacional:
- Conectar Igualdad, en la Argentina (2010-2015).
- Una Computadora por Niño, en Perú (2007-2013).
- Plan Ceibal, en Uruguay (desde 2007 hasta la actualidad).
Las tres iniciativas se inspiraron en One Laptop per Child (OLPC), el proyecto de Nicholas Negroponte, fundador del MIT Media Lab, que impulsó la computadora educativa XO y sirvió de modelo para otros dispositivos pedagógicos.
Por qué sobrevivió el Plan Ceibal
De los tres casos, el Plan Ceibal es el único que sigue vigente. Según los investigadores, su continuidad se explica por la voluntad política, ya que todos los partidos acordaron sostenerlo, y sobre todo por la estabilidad económica: la capacidad del Estado uruguayo de financiarlo a lo largo del tiempo.
Artopoulos aclara que el programa mejoró algunas condiciones de aprendizaje, pero no resolvió los principales problemas del sistema educativo. Aun así, destaca su capacidad para adaptarse e influir en la política educativa: “No tuvo los efectos virtuosos que se esperaba cuando fue concebido, pero sí generó capacidades en el sistema educativo que luego probaron ser fundamentales”.
Lo que frenó a la Argentina y a Perú
Conectar Igualdad también contó con acuerdo interpartidario. Sin embargo, “lo que mató al programa argentino fue fundamentalmente la sustentabilidad económica”, explica Artopoulos. La iniciativa buscaba ofrecer netbooks a un costo de US$ 350, pero el precio llegó a superar los US$ 600.
En Perú, Una Computadora por Niño entregó inicialmente una computadora cada diez alumnos, muy por debajo de su objetivo. A las limitaciones presupuestarias se sumó la pérdida de apoyo político, que terminó por desestabilizar el programa. Los autores señalan que, salvo Uruguay, los países analizados no lograron desarrollar las capacidades mínimas para gestionar sistemas educativos basados en plataformas digitales.
La conectividad, un factor clave
“Con la tecnología no alcanza, pero sin la tecnología tampoco se puede”, resume Artopoulos. Para los investigadores, la conectividad de las aulas fue uno de los factores que más incidieron en la continuidad de estos programas. En la Argentina y en Perú hubo problemas de conexión, mientras que en Uruguay la empresa estatal de telecomunicaciones garantizó acceso de alta velocidad.
El estudio concluye que la continuidad de estos programas no depende solo de su sustentabilidad política y económica. También importa su capacidad de reconfigurarse frente a los cambios tecnológicos y educativos: la expansión de internet, el impacto de la pandemia y, hoy, los desafíos que plantea la inteligencia artificial.
“Las tecnologías pueden cambiar, pero el fin de la educación permanece inalterable: que las nuevas generaciones se pongan a pensar en sus propios proyectos”, afirma Artopoulos.












